A vida é Honduras

invasão honduras

Primeiro vamos tomar a América, depois a gente ocupa a Europa. Mas por enquanto a vida é Honduras, meu neto

Faz tempo que não posto aqui. A vida, a correria, o déficit de atenção e as redes sociais foram sugando minhas dicas e até mesmo minhas criações, o que é um pecado. Em 2020 prometo atualizar mais este site mais largado do que o Roberto Alvim numa festinha de artistas. Pra começar, segue este conto cuja tradução eu descobri por acaso agora. Uns anos atrás a editora Oito e Meio me convidou a participar de um livro em que vários escritores abordariam um país da América Latina – a coletânea Nosotros -, gente como André Sant’Anna, Leonardo Marona, André Timm, organizado por Katia Gerlach. Puta ideia massa.

Após sorteio, me coube ficcionalizar a pequena Honduras. Mas que cazzo tenho eu a ver com Honduras, pensei: nunca passei por lá, nem sabia exatamente onde fica, mal tinha informações daquele pico. Então resolvi dar um rolê pela rua Honduras, no Jardim América – uma das ruas mais privilegiadas e exclusivas de São Paulo -, e me deparei com uma ocupação. (Mais de 40% dos casarões de bairros como Jardim América, Jardim Europa, Pacaembu, Morumbi, Alto de Pinheiros, Vila Madalena etc estão desocupados. E PRECISAM ser ocupados por gente que não tem casa onde morar.)

Pois bem, o contraste entre o país mais pobre da América Latina e a rua mais rica de São Paulo, onde havia uma casa ocupada por velhinhos, me forneceu o mote desso conto, escrito em meia hora. Jamais recebi um exemplar da coletânea – meu relacionamento com a Oito e Meio, editora que publicou meu livro Metafísica Prática, nunca foi dos mais elegantes – , mas sabia que havia nos planos a ideia de lançar uma edição em espanhol, cuja tradução esteve a cargo do grande Juan Pablo Villalobos.

Esses dias, fazendo um autosearch – esporte praticado por escribas em momento de baixa auto-estima – , fui dar na Honduras traduzida pelo Villalobos, na excelente revista Philos. Também nunca troquei ideia com ninguém dessa revista, que sequer me avisou da publicação. Mas beleza, é do futebol, quem está na internet é pra se queimar mesmo. No entanto, antes que o conto, que nunca vi publicado em papel, também suma da Philos – assim como desapareceram do site da revista Trip 90% das matérias jornalísticas que publiquei , republico-o aqui, tanto na traduça do Villalobos quanto no original.

Vai um bolinho de chocolate?

[UPDATE: depois que postei isso aqui, a Philos, como eu já previra, tirou do ar meu conto. Mandei um e-mail para os editores, que não responderam. Retiro o ‘excelente’ acima.]

 

La vida es Honduras

 

Mi querido nieto Stefânio,

se te debe hacer raro recibir noticias mías desde tan lejos, a mí también se me hace raro recibir noticias mías, yo mismo me pregunto todos los días al despertar si yo soy yo mismo y si yo soy yo mismo todavía y hasta cuándo seré yo mismo hasta que empiece a ser otro, las cosas cambian tan rápido, mi querido Stefánio, qué nombre tan raro te puso tu padre. Tu mismo padre, muchacho, el mismo Mirinho se la pasaba cambiando, debe ser hormiga lo que tenemos en la sangre, o una especie de hervor, una facultad de mantenerse en alta combustión, pero mira que últimamente ando con la temperatura bajo control, yo ando bajo control, ando bajo el reinado de una diosa maya, he ahí mi felicidad.

¿Tú debes tener qué, unos dieciocho años ahora? ¿Será que Argemiro ya volvió del Norte? ¿Cuál será el Norte de Mirinho? Yo no sé nada, mijo, voy descubriendo algunas cosas poco a poco, pero la gente del movimiento me garantizó que si tú eres tú mismo y participas en el movimiento esta carta te va a llegar. Qué cosa rara escribir una carta sin saber si la carta le va a llegar a la persona, mi vida ha sido un rosario de eventos raros e historias inconexas, mi mente ha sido una carta que no sabía llegar a su destino, ¿y no será este nuestro destino, mijo, andar y andar y andar y nunca llegar? Yo ahora tengo un norte, Stefânio, y ese norte son las ruinas mayas de Copán, escondidas por allá en las honduras del bosque tropical de Centroamérica, déjame que te cuente, sin un norte en la vida no podemos caminar, aunque esa frase no tenga sentido porque yo me pasé la vida entera caminando sin norte, o mejor dicho, sin saber que mi norte era doña Lili, que está allá en la cocina ahora, terminando de preparar los dulces. Si no fuera por doña Lili yo no estaría escribiendo esta carta ahora, yo no estaría pensando ahora en viajar a Honduras, sin ni siquiera salir de Honduras. Calma, Stefânio, ya llegaremos allá, digo, ya llegaré aquí. ¿Tú ya encontraste tu lugar? ¿Un lugar tuyo, un cuarto, una cama, una choza, un pedazo de cartón, un grano de arena?

Una vez leí en algún lugar que lavar los trastes nos ayuda a escombrar la cabeza, y lo mismo arreglar la casa es arreglar la mente, y que nuestra casa es nuestro cerebro, lo que explica por qué yo no conseguía ni hablar bien cuando llegué aquí a la Mansión, Stefânio, y la verdad yo todavía no sé si ya sé hablar bien, me doy cuenta de que mi mente se quiere ir para otro lado a cada rato, como si fuera una lagartija, ¿pero si el rabo de la lagartija se queda en mis manos cómo quedará mi pensamiento, mitad para acá, mitad para allá? ¿Será que el pensamiento es una cosa que sólo se va a un lugar, mijo, cómo ves? Tú eres joven, debes tener más discernimiento y sagacidad, espero que esta carta nunca te llegue porque si te llega es señal de que estás con la gente del movimiento, y si estás con la gente del movimiento nunca vas a tener paz, vas a vivir dando vueltas de un lado para otro. Doña Lili me trajo un pedazo de pastel de chocolate igual al que me ofreció cuando llegué aquí, me gustaría mucho que lo pudieras probar, mijo, mi sueño es cantarte las mañanitas en cuanto regrese de Copán, pero no sé si lo voy a conseguir, ya estaré muy viejo. ¿Sesenta y cuatro años es mucho, Stefânio? Había una canción sobre volverse viejo a los sesenta y cuatro años pero no me acuerdo de quién es, tú que eres joven debes saber usar esas cosas de la computadora y puedes dar una investigada, a mí ya se me pasó la edad de recordar ciertas cosas. Sólo me acordé de lo que me había pasado cuando me comí el pedazo de pastel de chocolate que doña Lili me ofreció aquella vez en que llovía tanto que me moría de miedo de las gotas de lluvia que se desplomaban en el techo sin rebocar, ella me dio un pedazo de pastel para consolarme, y al tercer pedazo me acordé del pastel de chocolate que tu abuela te hizo en tu segundo cumpleaños, parece que fue hace mucho tiempo, pero fue hace bien poco que estábamos todos juntos en aquella casita de la calle Artur Alvim. La primera casita que conseguí comprar después de mucho tiempo recogiendo papel en la calle, pero tu papá nos ayudó y la compramos y vivíamos cinco pero todo estaba bien, tu boca llena de pastel de chocolate me acuerdo como si fuera hoy, ¿todavía comes chocolate?

Hoy que tengo un cuarto me parece increíble que haya vivido con otras cuatro personas en dos metros cuadrados, ¿imagínate nomás cuando esté viviendo en las ruinas de Copán? Investiga en la computadora sobre Copán, doña Lili me dijo que es uno de los lugares más bonitos del planeta, y si ella lo dice yo lo creo porque fue con su pastel de chocolate que volví a acordarme de todo, volví a acordarme de ti, de tu padre Argemiro y tu madre Luciele y tu abuela Miracema y de los cohetes aquella noche del incendio en la calle Artur Alvim y de todo el mundo que desapareció y de mi colchón en el barrio del Moinho y de mi perro Flamel cuando ocupamos el Engenho y de mi fiebre cuando ocupamos la calle Consolação y hasta de la época en que trabajé en la industria química que fue cuando empecé a olvidarme de las cosas y me despidieron y acabé con tu madre en una casita de la calle Artur Alvim que se incendió. ¿Tu madre Luciele todavía vive contigo, Stefânio? ¿Tu abuela murió de verdad en el incendio o todavía vende pasteles en la calle? ¿Tu padre de verdad se fue a trabajar a la transposición del río São Francisco, no? ¿Sabes que volví a fabricar bombas? Jaja, bombas de chocolate no, eso es cosa de doña Lili, que ya está terminando de trabajar en la cocina, necesito apurarme con esta carta.

Aquella noche llovía, llovía, y doña Lili ponía pedazos de pastel de chocolate en mi boca y yo le pregunté dónde estaba, y ella dijo estás en la Mansión, y yo le pregunté cuál Mansión, y ella respondió la Mansión de la calle Honduras, vives aquí junto con otros 26 viejos, estamos viviendo aquí desde hace seis meses. Y entonces entendí que abandonamos la ocupación de Alto Alegre para venir a ocupar esta casa en pleno Jardim América en São Paulo, una casa que doña Lili había encontrado en sus andanzas, y descubrió que estaba abierta y tuvo el plan de traer para acá sólo a los compañeros de edad avanzada, 27 almas y sus cachivaches, ella pensó en una casa de reposo, pero en realidad era una maternidad de muertos, o por lo menos hasta que empezó a hacer sus pasteles de chocolate. Doña Lili pensó que si la ocupación se volvía una casa de reposo el movimiento no sería mal visto por los residentes del barrio, a fin de cuentas estamos en el barrio más rico de São Paulo, lo que quiere decir uno de los lugares más ricos de América Latina, una ironía del destino para personas como nosotros que no tenemos destino porque Honduras es el país más pobre de América Latina y ahora somos vecinos de las personas más ricas de la ciudad, como el alcalde, Stefânio, ¿sabías que el alcalde vive a unas cuantas cuadras de donde estamos y nunca vino a preguntar si necesitamos alguna cosa?

El plan no salió muy bien. Cuando se enteraron de la ocupación, los vecinos llamaron a la policía, pero la policía no podía hacer nada sin una orden de desalojo, quedaría muy mal sacar a la calle a dos docenas de viejitos bien cerca de la casa del alcalde. No teníamos agua potable, no había electricidad, ni el camión de la basura se llevaba nuestros desperdicios. Era como si no existiéramos en Jardim América. El plano de los vecinos fue ése, hacernos sentir extraños. Como si de por sí no nos sintiéramos extraños en todos los lugares por donde pasamos. Eso fue hasta que doña Lili tuvo la idea de hacer pasteles, ella es una pastelera de las buenas, ni te lo imaginas, Stefânio. Tuvo la idea de hacer pasteles y vendérselos a los veladores y vigilantes del barrio. Y los veladores y vigilantes y los porteros se fueron amansando y empezaron a comprar nuestros pasteles y así comenzó a entrar un dinerito a la Mansión. Y cuando yo comí los pasteles de doña Lili volví a recordarlo todo, o casi todo, porque las historias retornaban revueltas en mi cabeza, tengo que contárselas a doña Lili porque sólo así me doy cuenta de que estoy pensando de verdad, de que realmente tienen sentido. Y cuando me acordé de las historias me acordé de mi trabajo en la industria química y me acordé de mis mañas y de todos los cigüeñales de la dirección hidráulica en los que yo era experto, como por ejemplo arreglar las tuberías y conectar diablitos y ¡zas!, de repente teníamos agua y luz en nuestra Mansión. Los tipos de las casetas de seguridad de las mansiones de los alrededores estaban encantados con el pastel de chocolate y con el pay de pollo y con la empanada de palmito de doña Lili y hasta los compañeros más arrugados pudieron comprar medicinas y mejoraron de salud y empezaron a caminar por las calles sin miedo. Yo no entendía aquello, Stefânio, cómo era que Honduras podía ser vecina de México y de Estados Unidos y de Argentina y luego ahí en el Jardim Europa está la calle Italia y la calle Alemania y Francia y España y que todas esas calles fueran las más ricas de la ciudad y que en todas esas calles existieran casas abandonadas. Había casas centenarias sin nadie dentro, de todos los estilos, casas de hacienda, románticas, inglesas, francesas, clásicas, barrocas, modernistas, todas vacías. Incluso las casas habitadas parecían abandonadas, los únicos que vivían ahí eran perros, veladores, vigilantes, sirvientas, caseros, jardineros y toda esa gente se fue enviciando con los pasteles y los pays y las empanadas de doña Lili, Stefânio, porque no sólo doña Lili era una excelente pastelera sino que también redescubrí mis mañas secretas que había aprendido en la industria química e iba poniéndole ciertas cositas a los pasteles. Y pintamos nuestra Mansión y arreglamos los portones oxidados y deshierbamos el jardín y plantamos rosas y reconstruímos el tejado y el forro y pusimos una plaquita Casa de Reposo del Movimiento en la fachada y luego hasta el camión de la basura volvió a pasar en la puerta de la calle Honduras número 175 y luego me di cuenta de que por primera vez en la vida en dos décadas yo tenía un código postal, ¿entiendes lo que eso significa, mijo?

Muy hondo, me dijo doña Lili, cuando le pregunté qué quería decir Honduras, fue el nombre que Cristóbal Colón le dio al país en 1500, exactamente el año en que Cabral llegó a Brasil. Muy hondo, mijo, y cuando doña Lili me dijo eso me enseñó su otro hornito y yo volví a sentirme hombre de nuevo, un hombre con código postal y equipo de buceo. Y un hombre con código postal y equipo de buceo necesita descubrir nuevos océanos y nuevas cavernas marinas y nuevos seres abisales, por eso doña Lili, que además de ser pastelera y de tener un horno volcánico y de descubrir casas perfectas para ocupaciones también conoce a todo el mundo, me habló de las ruinas de Copán, y pasábamos las noches agarrados de la mano comiendo pastel y soñando con explorar el pasado maya, y desde que cumpliste dos años era la primera vez que yo me daba el derecho de soñar, y soñar nos da derecho a crear nuevos nortes.

Ahora voy a terminar esta carta y a dejarla para que el muchacho del Movimiento la venga a buscar. Vamos a llevar nuestros antojitos a los veladores muertos de hambre que cuidan las inmensas propiedades vacías aquí en Jardim América y vamos a poner en práctica los conocimientos que aprendí en la industria química para ocupar lugares nuevos. Esta vez no va a acontecer ningún incendio: vamos a hacer todo bien y los dueños de las casas abandonadas van a entregar lo que por derecho pertenece a la gente del movimiento. Si todo sale mal, ya sabes lo que pasó. Si todo sale bien, Stefânio, nuestra próxima correspondencia no va a partir de la calle Honduras, y sí desde la mismísima. Fue difícil llegar hasta aquí, pero, a pesar de que soy viejo, a pesar de que no tengo techo, y, dicen, a pesar de que soy un orate inútil, mi equipo de buceo y mis honduras todavía pulsan y funcionan, y estoy seguro de que mis nuevas bombas también van a funcionar. Soy viejo y pobre y desamparado pero no soy tonto. Primero vamos a tomar América, después vamos a ocupar Europa. Pero por mientras la vida es Honduras, mijo.

Calurosamente,

Afrânio B.

P.D. Doña Lili manda un beso y la receta de su famoso pastel de chocolate.

___

A vida é Honduras

 

Meu querido neto Stefânio,

 

você deve estranhar receber notícias minhas de tão longe, eu mesmo ainda estranho em receber notícias minhas, eu mesmo me pergunto todos os dias quando acordo se eu sou eu mesmo e se eu sou eu mesmo ainda e até quando serei eu mesmo até que eu passe a ser outro, as coisas mudam tão rápido, meu caro Stefânio, que nome estranho seu pai colocou em você. Seu pai mesmo, rapaz, Mirinho mesmo vivia mudando, deve ser formiga o que a gente tem no sangue, ou uma espécie de fervura, uma faculdade de se manter em alta combustão, mas olha que ultimamente eu ando com a temperatura sob controle, eu ando sob controle, eu ando sob o reinado de uma deusa maia, essa foi a minha felicidade.

Você deve ter o quê, uns dezoito anos agora? O Argemiro será que já voltou do Norte? Qual será o norte de Mirinho? Eu não sei de nada, meu neto, estou descobrindo algumas coisas aos poucos, mas o povo do movimento me garantiu que se você é você mesmo e participa do movimento esta carta vai chegar. Coisa estranha é a gente escrever uma carta sem saber se a carta vai chegar na pessoa, minha vida tem sido um rosário de eventos estranhos e histórias desconexas, a minha mente tem sido uma carta que não sabia chegar no seu destino, e não será o destino da gente esse, meu neto, andar e andar e andar e nunca chegar? Eu agora tenho um norte, Stefânio, e esse norte são as ruínas maias de Copán, lá escondidas nas funduras da floresta tropical da América Central, eu te conto, sem um norte na vida a gente não caminha, embora essa frase não faça sentido porque eu passei a minha vida toda caminhando sem norte, ou melhor, sem saber que meu norte era dona Lili, que está lá na cozinha agora, terminando de preparar os doces. Não fosse dona Lili e eu não estaria escrevendo esta carta agora, eu não estaria agora pensando em viajar para Honduras, sem sequer sair de Honduras. Calma, Stefânio, eu chego lá, digo, eu chego aqui. Você já tem um lugar seu? Um lugar seu, um quarto, uma cama, uma barraca, um pedaço de papelão, um grão de areia?

Uma vez eu li em algum lugar que lavar a louça ajuda a gente a limpar as tralhas da cabeça, e do mesmo jeito arrumar a casa é arrumar a mente, e que a nossa casa é nosso cérebro, o que explica como eu não conseguia nem falar direito quando cheguei aqui na Mansão, Stefânio, e pra falar a verdade eu ainda não sei se já sei falar direito, eu pego minha mente querendo ir pra outro lado toda vez, como se ela fosse uma lagartixa, mas aí se o rabo da lagartixa ficar na minha mão como é que vai ficar meu pensamento, metade cá metade lá? O pensamento será uma coisa que vai pra um lugar só, meu neto, me diga? Você é jovem, deve ter mais discernimento e sagacidade, espero que esta carta nunca chegue a você porque se chegar é sinal de que está com o povo do movimento, e se você estiver com o povo do movimento nunca vai ter paz, vai viver zanzando de um lado pro outro. A dona Lili me trouxe um pedaço de bolo de chocolate igual àquele que ela me ofereceu quando eu cheguei aqui, eu queria muito que você pudesse experimentar, meu neto, meu sonho é cantar parabéns pra você assim que eu voltar de Copán, mas não sei se vou conseguir, já estarei muito velho. Sessenta e quatro anos é muito, Stefânio? Tinha uma música sobre ficar velho com sessenta e quatro anos mas eu não me lembro de quem é, você que é jovem deve saber usar essas coisas de computador e pode dar uma pesquisada, eu já passei da idade de lembrar certas coisas. Eu só voltei a recordar o que se passou comigo quando comi o pedaço de bolo de chocolate que a dona Lili me ofececeu a vez aquela em que chovia tanto que eu morria de medo das gotas que chuva desabando do teto sem reboco, ela me deu um pedaço de bolo pra me consolar, e no terceiro pedaço lembrei do bolo de chocolate que a sua vó fez pra você no seu segundo aniversário, isso parece que fez tanto tempo, mas foi outro dia mesmo que a gente estava todo junto naquele barracão da Artur Alvim. O primeiro barracão que eu consegui comprar depois de tanto tempo catando papel na rua, mas o seu pai ajudou e a gente comprou e a gente morava em cinco mas dava tudo certo, sua boca cheia de bolo de chocolate eu lembro como se fosse hoje, você ainda come chocolate?

Hoje que tenho um quarto parece incrível que eu tenha morado com mais quatro pessoas no espaço de dois metros quadrados, imagine então quando eu estiver morando nas ruínas de Copán? Pesquise no computador sobre Copán, a dona Lili me disse que é um dos lugares mais lindos do planeta, e se ela disse eu acredito porque foi com o bolo de chocolate dela que eu voltei a lembrar de tudo, voltei a lembrar de você, de seu pai Argemiro e sua mãe Luciele e sua avó Miracema e dos fogos naquela noite e do incêndio na Artur Alvim e de todo mundo que sumiu e do meu colchão na favela do Moinho e do meu cachorro Flamel na ocupação do Engenho e da minha febre na ocupação na rua da Consolação e até do tempo em que eu trabalhei na indústria química que foi quando eu comecei a ter os esquecimentos e fui despedido e acabei com sua mãe num barraco na Artur Alvim que pegou fogo. A sua mãe Luciele ainda mora com você, Stefânio? Sua avó morreu mesmo no incêndio ou ainda vende bolos nas ruas? Seu pai foi mesmo trabalhar na transposição do rio São Francisco, é verdade? Você sabe que eu voltei a fazer bombas? Haha, bombas de chocolate não, isso é com a dona Lili, que já está encerrando seu trabalho lá na cozinha, eu preciso apressar essa carta.

Aquela noite chovia, chovia, e dona Lili colocava pedaços de bolo de chocolate na minha boca e eu perguntei onde é que estou, e ela disse você está na Mansão, e eu perguntei que Mansão, e ela respondeu a Mansão da rua Honduras, você mora aqui com mais 26 velhos, estamos morando aqui faz seis meses. E então eu soube que saímos da ocupação no Alto Alegre para esta ocupação numa casa em pleno Jardim América em São Paulo, uma casa que a dona Lili tinha achado nas suas andanças, e descobriu que estava aberta e teve esse plano de trazer pra cá só os companheiros de idade, 27 almas e seus cacarecos, ela pensou em uma casa de repouso, mas era na verdade uma maternidade de mortos, ou pelo menos até que ela começasse a fazer seus bolos de chocolate. Dona Lili pensou que a ocupação sendo uma casa de repouso o movimento não seria mal visto pelos residentes do bairro, afinal de contas estamos no bairro mais rico de São Paulo, o que quer dizer um dos lugares mais ricos da América Latina, uma ironia do destino dessas pessoas que como nós não temos destino porque Honduras é o país mais pobre da América Latina e agora somos vizinhos das pessoas mais ricas da cidade, como o prefeito, Stefênio, você sabia que o prefeito mora só a poucos quarteirões de onde estamos e nunca veio perguntar se a gente precisava de alguma coisa?

O plano não deu muito certo. Os vizinhos quando ficaram sabendo da ocupação chamaram a polícia mas a polícia não podia fazer nada sem um mandado de reintegração de posse, pegaria mal jogar na rua duas dúzias de velhos bem na porta do prefeito. A gente não tinha água encanada, não tinha eletricidade, nem o lixeiro pegava o nosso lixo. Era como se a gente não existisse no Jardim América. O plano da vizinhança foi esse, de nos fazer se sentir estranhos ali. Como se a gente já não se sentisse estranho em todos os lugares por onde passamos. Isso foi até que a dona Lili teve a ideia de fazer bolos, ela é uma quituteira das boas, sabe, Stefânio. Ela teve a ideia de fazer bolos e de sair vendendo para os seguranças e os zeladores do bairro. E os seguranças e os zeladores e os porteiros foram amansando e comprando nossos bolos e começou a entrar um dinheirinho na Mansão. E quando eu comi os bolos da dona Lili eu voltei a lembrar de tudo, ou de quase tudo, porque as histórias retornavam desencontradas na minha cabeça, eu tenho de contar para a dona Lili as histórias porque é só nesse momento que percebo estar pensando de verdade, realmente fazendo sentido. E quando lembrei das histórias eu lembrei do meu trabalho na indústria química e lembrei dos meus macetes e de todas as rebimbocas das parafusetas em que era mestre, como por exemplo arrumar o encanamento e fazer gato e pluft!, de repente a gente tinha água e luz em nossa Mansão. Os rapazes das guaritas que fazem a segurança dos casarões em volta ficaram apaixonados pelo bolo de chocolate e pela torta de frango e pelo empadão de palmito da dona Lili e até os companheiros mais encarquilhados puderam comprar remédios e melhoraram de saúde e passaram a caminhar na rua sem medo. Eu não entendia aquilo, Stefânio, como é que Honduras podia ser vizinha do México e dos Estados Unidos e da Argentina e logo ali no Jardim Europa vem a rua Itália e a rua Alemanha e a França e a Espanha e todas essas ruas serem as ruas mais ricas da cidade e em todas essas ruas existirem casas abandonadas? Havia casas centenárias sem ninguém dentro, de todos os estilos, casas de fazenda, românticas, inglesas, francesas, clássicas, barrocas, modernists, tudo vazio. Mesmo as casas habitadas pareciam largadas, só quem morava ali eram cachorros, seguranças, zeladores, domésticas, caseiros, jardineiros e todo esse povo foi ficando viciado nos bolos e nas tortas e nos empadões da dona Lili, Stefânio, porque não só a dona Lili era uma quituteira de mão cheia como eu também redescobri meus macetes secretos que tinha aprendido na indústria química e ia colocando certas coisinhas nos bolos. E pintamos nossa Mansão e consertamos os portões enferrujados e capinamos o jardim e plantamos rosas e reconstruímos o telhado e o forro e colocamos uma plaquinha Casa de Repouso do Movimento na fachada e logo até o caminhão de lixo voltou a passar na porta da rua Honduras número 175 e logo me dei conta de que era a primeira vez na vida em duas décadas eu tinha um CEP, você sabe lá o que é isso, meu neto?

Funduras, me disse a dona Lili, quando eu perguntei o que queria dizer Honduras, foi o nome que Cristóvão Colombo deu ao país em 1500, exatamente no ano em que Cabral chegou no Brasil. Funduras, meu neto, e quando dona Lili me disse isso ela me deu a conhecer seu outro forninho e voltei a me sentir um homem de novo, um homem com CEP e equipamento de mergulho. E um homem com CEP e equipamento de mergulho precisa descobrir novos oceanos e novas cavernas marinhas e novos seres abissais, daí que dona Lili, que além de ser quituteira e de ter um forno vulcânico e de descobrir casas perfeitas para ocupações também conhece o mundo, me falou das ruínas de Copán, e passávamos as noites de mãos dadas comendo bolo e sonhando em explorar o passado maia, e desde o seu aniversário de dois anos era a primeira vez que eu me dava o direito de sonhar, e sonhar nos dá o direito de criar novos nortes.

Agora eu vou terminar esta carta e deixar para o rapaz do Movimento vir buscar. Vamos levar nossos quitutes para os seguranças esfomeados que cuidam de umas imensas propriedades vazias aqui no Jardim América e vamos colocar em prática os conhecimentos que aprendi na indústria química para a gente ocupar lugares novos. Desta vez não vai acontecer nenhum incêndio: vamos fazer tudo certo e os donos das casas abandonadas vão entregar o que é por direito do povo do movimento. Se tudo der errado, você já sabe o que aconteceu. Se tudo der certo, Stefânio, nossa próxima correspondência não vai partir da rua Honduras, e sim lá da própria. Foi difícil chegar até aqui, mas, apesar de eu ser velho, apesar de eu não ter teto, e, dizem, apesar de eu ser um maluco imprestável, meu equipamento de mergulho e minhas funduras ainda pulsam e funcionam, e tenho certeza que minhas novas bombas também vão funcionar. Sou velho e pobre e esquecido mas não sou tonto. Primeiro vamos tomar a América, depois a gente ocupa a Europa. Mas por enquanto a vida é Honduras, meu neto.

 

Calorosamente,

 

Afrânio B.

 

PS. Dona Lili manda um beijo e a receita do seu famoso bolo de chocolate.

Autor: rbressane

Writer, journalist, editor

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